lunes, marzo 26, 2018

Han matado a la Abuela, llega la “Comida de Madre”…


Durante años hemos usado y abusado de la figura de la abuela guisandera, esa señora cálida que nos reconforta amorosamente con sus platos suculentos y nutritivos, para hablar con nostalgia de la “gastronomía de antes”. Un cuento que nos hemos contado una y otra vez, hasta que la abuela se convirtió en una entelequia real a base de que el marketing la invocase una y otra vez.
Estaba claro que antes o después la abuela iba a resultar anacrónica y no iba a tener tanto impacto social como hasta la fecha. Las abuelas de ahora ya no tienen ese aspecto de ancianas venerables y adorables que asociamos a la abuela cocinera. Son modernas y como mujeres contemporáneas han salido del ámbito de la cocina para realizarse en otras muchas facetas. La evolución de la nueva generación de abuelas es más que evidente. En mi caso, si comparo a mi abuela con mi madre, que ya es abuela, las diferencias son abismales, algo que apenas pudo notarse entre mi abuela y mi bisabuela.
Era cuestión de tiempo que alguien viniese a matar a la abuela y reivindicase la corona para la siguiente generación, aunque nunca imaginé que fuese de esta forma…

Siempre hemos identificado la cocina de la abuela como una gastronomía excelsa, sabrosa, generosa, fragante y sustanciosa. Era una cocina que evocaba olores familiares, sensaciones reconfortantes y sentimientos estimulantes. El poder de la abuela siempre ha sido en gran medida emocional, pero también ritual, junto a ella y su cocina se asocian momentos clave de celebración familiar. A pesar de ello, vinculamos a nuestras abuelas con recetas muy concretas que nos han enseñado a alimentarnos y a unirnos al resto de nuestro clan en su degustación.
Con el relevo generacional, el marketing ha dado una ingeniosa voltereta para traernos un nuevo concepto; “La comida de madre”. Propuesto por McDonald’s con motivo del Día de la Madre el próximo mayo, consiste en un menú especial compuesto por tres platos; entrantes, principales y postres.
¡Ojo! La comida de madre ya no es un concepto culinario como lo era la cocina de la abuela, sino un formato secuencial de platos (orden de servicio de origen árabe). Una pérdida patrimonial importante, ya que se omite el contenido gastronómico para dejarlo resumido a la mínima expresión cultural, el orden de los platos como algo que nos sirve para evocar a una madre.
No sé hasta qué punto esta estrategia de McDonald’s refleja la realidad de los más jóvenes. Pero si para ellos la excepcionalidad de un menú, donde imitas a tu madre, está en escoger entre tres entrantes (palitos de mozzarella, nuggets o zanahorias untables en queso crema), cinco hamburguesas, como plato principal, y cuatro postres, podemos dar por hecho que nuestra fórmula milenaria de comer está destinada a ser desplazada por platos únicos o por el picoteo simultaneo de varios platos.
Tengo la sensación de que la gastronomía pierde músculo peligrosamente. La realidad es que se le da más importancia a la forma que al fondo… 
Os dejo un par de textos que profundizan y cuestionan a esa abuela universal que nos hemos inventado en los últimos años: 



¡Feliz lunes!

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